martes, 9 de agosto de 2011

VERSIÓN COMPLETA DEL CANTO 3 DE MARTÌN FIERRO

III

Tuve en mi pago en un tiempo
Hijos, hacienda y mujer,
Pero empecé á padecer,
Me echaron á la frontera,
¡Y qué iba á hallar al volver!
Tan solo hallé la tapera.


Sosegao vivía en mi rancho
Como el pájaro en su nido—
Allí mis hijos queridos,
Iban creciendo á mi lao...
Solo queda al desgraciao
Lamentar el bien perdido.


Mi gala en las pulperías
Era en habiendo más gente,
Ponerme medio caliente,
Pues cuando puntiao me encuentro,
Me salen coplas de adentro
Como agua de la virtiente.


Cantando estaba una vez
En una gran diversión;
Y aprovecho la ocasión
Como quiso el Juez de Paz...
Se presentó, y hay no más
Hizo arriada en montón.


Juyeron los más matreros
Y lograron escapar—
Yo no quise disparar—
Soy manso y no había porqué—
Muy tranquilo me quedé
Y ansí me dejé agarrar.


Allí un gringo con un órgano
Y una mona que bailaba,
Haciéndonos rair estaba,
Cuanto le tocó el arreo—
¡Tan grande el gringo y tan feo!
Lo viera cómo lloraba


Hasta un inglés zangiador
Que decía en la última guerra,
Que él era de Inca­la­perra
Y que no quería servir.
Tuvo tambien que juir
A guarecerse en la sierra.

[pág.]

Ni los mirones salvaron
De esa arriada de mi flor-
Fué acoyarao el cantor
Con otros nos mesturaron- [1]
A uno solo, por favor,
Logró salvar la patrona.


Formaron un contingente
Con los que del baile arriaron-
Con otros nos mesturaron-
Que habían agarrao tambien-
Las cosas que aquí se ven
Ni los diablos las pensaron.


A mi el Juez me tomó entre ojos
En la ultima votación-
Me le había hecho el remolón
Y no me arrimé ese día,
Y él dijo que yo servia
A los de la esposición.


Y ansí sufrí ese castigo
Tal vez por culpas agenas-
Que sean malas ó sean güenas
Las listas, siempre me escondo-
Yo soy un gaucho redondo
Y esas cosas no me enllenan.


Al mandarnos nos hicieron
Más promesas que á un altar-
El Juez nos jué á proclamar
Y nos dijo muchas veces:
«Muchachos, á los seis meses
«Los van á ir á revelar.»


Yo llevé un moro de número
Sobresaliente el matucho!
Con él gané en Ayacucho
Más plata que agua bendita-
Siempre el gaucho necesita
Un pingo pa fiarle un pucho.


Y cargué sin dar mas güeltas
Con las prendas que tenía,
Gergas, ponchos, cuanto había
En casa, tuito lo alcé-
A mi china la dejé
Media desnuda ese día.


No me faltaba una guasca,
Esa ocasión eché el resto:
Bozal, maniador, cabresto,
Lazo, bolas y manea...
¡El que hoy tan pobre me vea
Tal vez no crerá todo esto!!


Ansi en mi moro escarciando,
Enderesé á la frontera;
Aparcero! si usté viera
Lo que se llama Cantón...
Ni envidia tengo al ratón
En aquella ratonera.


De los pobres que allí había
A ninguno lo largaron,
Los más viejos rezongaron,
Pero á uno que se quejó
En seguida lo estaquiaron,
Y la cosa se acabó.


En la lista de la tarde
El Jefe nos cantó el punto
Diciendo: «quinientos juntos
«Llevará el que se resierte;
«Lo haremos pitar del juerte,
«Más bien dése por dijunto.»


A naides le dieron armas,
Pues toditas las que había
El Coronel las tenia,
Sigun dijo esa ocasión,
Pa repartirlas el día
En que hubiera una invasión.


Al principio nos dejaron
De haraganes criando sebo,
Pero despues... no me atrevo,
A decir lo que pasaba-
Barajo... si nos trataban
Como se trata á malevos.


Porque todo era jugarle
Por los lomos, con la espada,
Y aunque usté no hiciera nada,
Lo mesmito que en Palermo,
Le daban cada cepiada
Que lo dejaban enfermo.


¡Y qué Indios -ni qué servicio,
No teníamos ni cuartel-
Nos mandaba el Coronel
A trabajar en sus chacras,
Y dejábamos las vacas
Que las llevára el infiel.


Yo primero sembré trigo
Y despues hice un corral,
Corté adobe pa un tapial,
Hice un quincho, corté paja...
La pucha que se trabaja
Sin que le larguen un rial.

[pág.]

Y es lo pior de aquel enriedo
Que si uno anda hinchando el lomo
Se le apéan como un plomo...
¡Quién aguanta aquel infierno!
Si eso es servir al Gobierno,
A mi no me gusta el cómo.


Más de un año nos tuvieron
En esos trabajos duros,-
Y los indios le asiguro
Dentraban cuando querían:
Como no los perseguían
Siempre andaban sin apuro.


A veces decía al volver
Del campo la descubierta
Que estuviéramos alerta,
Que andaba adentro la indiada;
Porque había una rastrillada
O estaba una yegua muerta.


Recién entonces salía
La órden de hacer la riunión-
Y caíbamos al cantón
En pelos y hasta enancaos,
Sin armas, cuatro pelaos
Que íbamos a hacer jabón.


Ay empezaba el afán
Se entiende, de puro vicio,
De enseñarle el ejercicio
A tanto gaucho recluta,
Con un estrutor... qué... bruto!
Que nunca sabía su oficio.


Daban entónces las armas
Pa defender los cantones,
Que eran lanzas y latones
Con ataduras de tiento...
Las de juego no las cuento
Porque no había municiones.


Y un sargento chamuscao
Me contó que las tenían,
Pero que ellos la vendían
Para cazar avestruces;
Y así andaban noche y día
Déle bala á los ñanduces.


Y cuando se iban los Indios
Con lo que habían manotiao,
Salíamos muy apuraos
A perseguirlos de atrás;
Si no se llevaban más
Es porque no habían hallao.


Allí, sí, se ven desgracias
Y lágrimas, y afliciones,
Naides le pida perdones
Al indio -pues donde entra,
Roba y mata cuanto encuentra
Y quema las poblaciones.


No salvan de su juror
Ni los pobres angelitos:
Viejos, mozos y chiquitos
Los mata del mesmo modo-
Que el Indio lo arregla todo
Con la lanza y con los gritos.


Tiemblan las carnes al verlo
Volando al viento la cerda-
La rienda en la mano izquierda
Y la lanza en la derecha-
Ande enderieza abre brecha
Pues no hay lanzazo que pierda.


Hace trotiadas tremendas
Dende el fondo del desierto-
Ansi llega medio muerto
De hambre, de sé y de fatiga;
Pero el Indio es una hormiga
Que día y noche está dispierto.


Sabe manejar las bolas
Como naides las maneja,
Cuanto el contrario se aleja
Manda una bola perdida,
Y si lo alcanza, sin vida,
Es siguro que lo deja.


Y el Indio es como tortuga
De duro para espichar;
Si lo llega á destripar
Ni siquiera se le encoge,
Luego sus tripas recoge,
Y se agacha á disparar.


Hacian el robo á su gusto
Y después se iban de arriba,
Se llevaban las cautivas,
Y nos contaban que á veces
Les descarnaban los pieses,
A las pobrecitas, vivas.


¡Ah! ¡si partía el corazón
Ver tantos males, canejo!
Los perseguiamos de lejos
Sin poder ni galopiar;
¿Y qué habíamos de alcanzar
En unos bichocos viejos?

[pág.]

Nos volvíamos al cantón
A las dos ó tres jornadas,
Sembrando las caballadas;
Y pa que alguno la venda,
Rejuntábamos la hacienda
Que habían dejao resagada.


Una vez entre otras muchas,
Tanto salir al boton,
Nos pegaron un malon
Los indios y una lanciada,
Que la gente acobardada
Quedó dende esa ocasión.


Habían estao escondidos
Aguaitando atrás de un cerro...
¡Lo viera á su amigo Fierro
Aflojar como un blandito!
Salieron como maiz frito
En cuanto sonó un cencerro.


Al punto nos dispusimos
Aunque ellos eran bastantes,
La formamos al istante
Nuestra gente que era poca,
Y golpiándose en la boca
Hicieron fila adelante.


Se vinieron en tropel
Haciendo temblar la tierra.
No soy manco pa la guerra
Pero tuve mi jabon,
Pues iba en un redomon
Que había boliao en la sierra.


¡Qué vocerío! ¡qué barullo!
¡Qué apurar esa carrera!
La indiada todita entera
Dando alaridos cargó-
Jué pucha... y ya nos sacó
Como yeguada matrera.


¡Qué fletes traíban los bábaros!
Como una luz de lijeros-
Hicieron el entrevero
Y en aquella mescolanza,
Este quiero, este no quiero,
Nos escojían con la lanza.


Al que le daban un chuzazo,
Dificultoso es que sane,
En fin, para no echar panes,
Salimos por esas lomas,
Lo mesmo que las palomas,
Al juir de los gavilanes.


Es de almirar la destreza
Con que la lanza manejan!
De perseguir nunca dejan-
Y nos traiban apretaos,
Si queríamos de apuraos,
Salirnos por las orejas.


Y pa mejor de la fiesta
En esa aflición tan suma,
Vino un indio echando espuma,
Y con la lanza en la mano,
Gritando «Acabau cristiano,
Metau el lanza hasta el pluma.»


Tendido en el costillar,
Cimbrando por sobre el brazo
Una lanza como un lazo,
Me atropelló dando gritos-
Si me descuido... el maldito
Me levanta de un lanzazo.


Si me atribulo, ó me encojo
Siguro que no me escapo:
Siempre he sido medio guapo
Pero en aquella ocasión,
Me hacía buya el corazón
Como la garganta al sapo.


Dios le perdone al salvaje
Las ganas que me tenía...
Desaté las tres marías
Y lo engatusé á cabriolas...
Pucha... si no traigo bolas
Me achura el indio ese día.


Era el hijo de un cacique,
Sigun yo lo averigüé-
La verdá del caso jué
Que me tuvo apuradazo,
Hasta que por fin de un bolazo
Del caballo lo bajé.


Ay no más me tiré al suelo
Y lo pisé en las paletas-
Empezó a hacer morisquetas
Y a mesquinar la garganta...
Pero yo hice la obra santa
De hacerlo estirar la geta.


Allí quedó de mojón
Y en su caballo salté
De la indiada disparé,
Pues si me alcanza me mata,
Y al fin me les escapé
Con el hilo de una pata.

  1. En otras ediciones consultadas figura aquí el siguiente verso: Con el gringo de la mona.

El Gaucho Martín Fierro

Versión resumida del canto 3

Tuve en mi pago en un tiempo

Hijos, hacienda y mujer,

Pero empecé á padecer,

Me echaron á la frontera,

¡Y qué iba á hallar al volver!

Tan solo hallé la tapera.

Sosegao vivía en mi rancho

Como el pájaro en su nido—

Allí mis hijos queridos,

Iban creciendo á mi lao...

Solo queda al desgraciao

Lamentar el bien perdido. [...]

Cantando estaba una vez

En una gran diversión;

Y aprovecho la ocasión

Como quiso el Juez de Paz...

Se presentó, y hay no más

Hizo arriada* en montón.

Juyeron los más matreros*

Y lograron escapar—

Yo no quise disparar—

Soy manso y no había porqué—

Muy tranquilo me quedé

Y ansí me dejé agarrar.

Allí un gringo con un órgano

Y una mona que bailaba,

Haciéndonos rair estaba,

Cuanto le tocó el arreo—

¡Tan grande el gringo y tan feo!

Lo viera cómo lloraba

Hasta un inglés zangiador*

Que decía en la última guerra,

Que él era de Inca-la-perra*

Y que no quería servir.

Tuvo tambien que juir

A guarecerse en la sierra.

Ni los mirones salvaron

De esa arriada de mi flor-

Fué acoyarao* el cantor

Con otros nos mesturaron- [1]

A uno solo, por favor,

Logró salvar la patrona.

Formaron un contingente

Con los que del baile arriaron-

Con otros nos mesturaron*,

Que habían agarrao tambien-

Las cosas que aquí se ven

Ni los diablos las pensaron.

A mi el Juez me tomó entre ojos

En la ultima votación:

Me le había hecho el remolón

Y no me arrimé ese día,

Y él dijo que yo servia

A los de la esposición*.

Y ansí sufrí ese castigo

Tal vez por culpas agenas-

Que sean malas ó sean güenas

Las listas, siempre me escondo-

Yo soy un gaucho redondo*

Y esas cosas no me enllenan.

Al mandarnos nos hicieron

Más promesas que á un altar-

El Juez nos jué á proclamar

Y nos dijo muchas veces:

«Muchachos, á los seis meses

«Los van á ir á revelar*».[...]

Ansi en mi moro escarciando*,

Enderesé á la frontera;

¡Aparcero* si usté viera

Lo que se llama cantón*...!

Ni envidia tengo al ratón

En aquella ratonera.

De los pobres que allí había

A ninguno lo largaron,

Los más viejos rezongaron,

Pero á uno que se quejó

En seguida lo estaquiaron,

Y la cosa se acabó. [...]

A naides le dieron armas,

Pues toditas las que había

El Coronel las tenia,

Sigun dijo esa ocasión,

Pa repartirlas el día

En que hubiera una invasión.

Al principio nos dejaron

De haraganes criando sebo*,

Pero despues... no me atrevo,

A decir lo que pasaba-

Barajo... si nos trataban

Como se trata á malevos. [...]

Arriar: conducir el ganado.

Matrero: huidizo, rebelde.

Zanjiador: que cava zanjas.

Inca-la-perra: juego de palabras con Inglaterra.

Acoyarao: unido a otros por cadenas.

Mesturaron: mezclaron.

Esposición: por “oposición”

Listas: de candidatos políticos.

Redondo: honrado.

Revelar: por “relevar”.

Escarciar: dar vueltas el caballo.

Aparcero: compañero, amigo.

Cantón: fortín de la frontera.

Criar sebo: haraganear.

FAUSTO

Fausto

V

-Al rato el lienzo subió
Y deshecha y lagrimiando,
Contra una máquina hilando,
La rubia se apareció.

La pobre dentró a
Tan amargamente allí,
Que yo a mis ojos sentí
Dos lágrimas asomarse
[…]
Al rato el Diablo dentró
Con don Fausto muy del brazo
Y una guitarra, amigaso,
Ahí mesmo desenvainó.

-¿Qué me dice, amigo Pollo?
-Como lo oye, compañero;
El Diablo es tan guitarrero
Como el paisano más criollo. […]

La pobre rubia, sin duda,
En llanto se deshacía,
Y rezando a Dios pedía
Que le emprestase su ayuda.

Yo presumo que el Dotor,
Hostigao por Satanás,
Quería otras hojas más
De la desdichada flor.

A la ventana se arrima
Y le dice el condenao:
"Dele no más sin cuidao
Aunque reviente la prima*".

El diablo a gatas tocó
Las clavijas, y al momento,
Como un arpa, el istrumento
De tan bien templao sonó.
[…]
Al principio se florió*
Con un lindo bordoneo*
Y en ancas de aquel floreo
Una décima cantó.

No bien llegaba al final
De su canto, el condenao,
Cuando el Capitán, armao
Se apareció en el umbral.

-Pues yo en campaña lo hacía...
-Daba la casualidá
Que llegaba a la ciudá
En comisión, ese día.


-Por supuesto, hubo fandango*...
-La lata* ahí no más peló*
Y al infierno le aventó*
De un cintarazo* el changango*.

-¡Lindo el mozo!
-¡Pobrecito!
-¿Lo mataron?
-Ya verá:
Peló un corvo* el Dotorcito
Y el Diablo... ¡barbaridá!

Desenvainó una espadita
Como un viento; lo embasó*
Y allí no más ya cayó
El pobre...
-¡Anima bendita!

-A la trifulca y al ruido
En montón la gente vino...
-¿Y el Dotor y el asesino?
-Se habían escabullido.

La rubia tamién bajó
Y viera aflición, paisano,
Cuando el cuerpo de su hermano
Bañao en sangre miró.

A gatas medio alcanzaron
A darse una despedida,
Porque en el cielo, sin vida,
Sus dos ojos se clavaron.

Bajaron el cortinao,
De lo que yo me alegré:
-Tome el frasco, prendalé.
-Sírvase no más, cuñao.

Prima: primera cuerda de la guitarra.

Se florió: se lució.

Bordoneo: acordes hechos con las cuerdas graves de la guitarra.

Fandango: revuelta, desorden.

Lata: sable.

Peló: desenvainó.

Al infierno le aventó: lo mató.

Cintarazo: sablazo.

Changango: guitarra rústica.

Corvo: sable.

Embasó: por “envasó”, metió el sable en el cuerpo.

Cielitos y diálogos patrióticos

Diálogo patriótico interesante entre Jacinto Chano, capataz de una estancia en las islas del Tordillo y el gaucho de la Guardia del Monte.

(Se supone recién llegado a la Guardia del Monte el capataz Chano, y el diálogo en casa del paisano Ramón Contreras que es el gaucho de la Guardia.)

CONTRERAS
Con que, amigo, ¿diáonde diablos
sale? Meta el redomón, *
desensille, votoalante...
¡Ah pingo que da calor!

CHANO
De las islas del Tordillo
salí en este mancarrón:
¡pero si es trabuco, Cristo!
¿Cómo está señó Ramón?

CONTRERAS
Lindamente a su servicio...
¿Y se vino del tirón?

CHANO
Sí, amigo, estaba de balde,
y le dije a Salvador:
andá traeme el azulejo, *
apretamelé el cinchón *
porque voy a platicar
con el paisano Ramón,

[…]

CONTRERAS
¡Ah, Chano!...

[…]
¿qué novedades se corren?

CHANO
Novedades... qué sé yo;
hay tantas que uno no acierta
a qué lao caerá el dos *
aunque le esté viendo el lomo.
Todo el Pago es sabedor
que yo siempre por la causa
anduve al frío y calor.
Cuando la primera Patria*,
al grito se presentó
Chano con todos sus hijos.
¡Ah tiempo aquel, ya pasó!
Si jue en la Patria del medio
lo mesmo me sucedió,
pero, amigo en esta Patria...
Alcancemé un cimarrón*.

CONTRERAS
No se corte, déle guasca*,
siga la conversación, […]

CHANO
Pues bajo de ese entender
empriestemé su atención,
y le diré cuanto siente
este, pobre corazón, […]

En diez años que llevamos
de nuestra revulución
por sacudir las cadenas
de Fernando el balandrón*:
¿qué ventaja hemos sacado?
Las diré con su perdón.
Robarnos unos a otros,
aumentar la desunión,
querer todos gobernar,
y de faición* en faición
andar sin saber que andamos:
resultando en conclusión
que hasta el nombre de paisano
parece de mal sabor,
y en su lugar yo no veo
sino un eterno rencor
y una tropilla de pobres,
que metida en un rincón
canta al son de su miseria:
¡no es la miseria mal son!

CONTRERAS
¿Y no se sabe en qué diasques *
este enriedo consistió?
¡La pujanza en los paisanos
que son de mala intención!
Usté que es hombre escrebido
por su madre digaló,
que aunque yo compongo Cielos
y soy medio payador,
a usté le rindo las armas
porque sabe más que yo.

CHANO
Desde el principio, Contreras
esto ya se equivocó;
de todas nuestras Provincias
se empezó a hacer distinción.
Como si todas no juesen
alumbradas por un sol;
entraron a desconfiar
unas de otras con tesón,
[…]
Pues oiga la aplicación,
la lay es una no más,
y ella da su proteición
a todo el que la respeta.
El que la lay agravió
que la desagravie al punto:
esto es lo que manda Dios,
lo que pide la justicia
y que clama la razón;
sin preguntar si es porteño
el que la ley ofendió,
ni si es salteño o puntano,
ni si tiene mal color;
[…]

CONTRERAS
Pues yo siempre oi decir
que ante la lay era yo
igual a todos los hombres.

CHANO
Mesmamente, así pasó,
y en papeletas de molde
por todo se publicó;
pero hay sus dificultades
en cuanto a la ejecución.
Roba un gaucho unas espuelas,
o quitó algún mancarrón,
o del peso de unos medios
a algún paisano alivió;
lo prienden, me lo enchalecan,
y en cuanto se descuidó
le limpiaron la caracha,
y de malo y saltiador
me lo tratan, y a un presidio
lo mandan con calzador;
aquí la lay cumplió, es cierto,
y de esto me alegro yo;
quien tal hizo que tal pague.
Vamos pues a un Señorón;
tiene una casualidá...
ya se ve... se remedió...
Un descuido que a un cualquiera
le sucede, si señor,
al principio mucha bulla,
embargo, causa, prisión,
van y vienen, van y vienen,
secretos, almiración,
¿qué declara? que es mentira,
que él es un hombre de honor.
¿Y la mosca? No se sabe,
el Estao la perdió,
el preso sale a la calle
y se acaba la junción.
¿Y esto se llama igualdá?
¡La perra que me parió!... En fin, dejemos, amigo,
tan triste conversación,
pues no pierdo la esperanza
de ver la reformación;

Bartolomé Hidalgo: Diálogo patriótico […] del Monte.

Redomón: potro en amansamiento.

Mancarrón: caballo viejo.

Trabuco: equivocación.

Azulejo: caballo con muchas manchas blancas y negras.

Chinchón: chincha angosta.

El dos: la carta favorita de la suerte.

La causa: los principios de 1810.

Primera patria: período inicial de la lucha de Artigas contra los españoles (1811-1814)

Cimarrón: mate amargo.

Guasca: lonja de cuero.

Fernando: Fernando VII, rey de España.

Balandrón: fanfarrón.

Faición: facción, bando político.

Diasques: intrigas.

Le limpiaron la caracha: le dieron muerte.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La refalosa de Ilario Ascasubi

La refalosa
de Hilario Ascasubi



Amenaza de un mazorquero y degollador de los sitiadores de Montevideo dirigida al gaucho Jacinto Cielo, gacetero y soldado de la Legión Argentina, defensora de aquella plaza.


Mirá, gaucho salvajón,
que no pierdo la esperanza,
y no es chanza,
de hacerte probar qué cosa
es Tin tin y Refalosa.
Ahora te diré cómo es:
escuchá y no te asustés;
que para ustedes es canto
más triste que un viernes santo.


Unitario que agarramos
lo estiramos;
o paradito nomás,
por atrás,
lo amarran los compañeros
por supuesto, mazorqueros,
y ligao
con un maniador doblao,
ya queda codo con codo
y desnudito ante todo.
¡Salvajón!
Aquí empieza su aflición.


Luego después a los pieses
un sobeo en tres dobleces
se le atraca,
y queda como una estaca.
lindamente asigurao,
y parao
lo tenemos clamoriando;
y como medio chanciando
lo pinchamos,
y lo que grita, cantamos
la refalosa y tin tin,
sin violín.


Pero seguimos el son
en la vaina del latón,
que asentamos
el cuchillo, y le tantiamos
con las uñas el cogote.
¡Brinca el salvaje vilote
que da risa!
Cuando algunos en camisa
se empiezan a revolcar,
y a llorar,
que es lo que más nos divierte;
de igual suerte
que al Presidente le agrada,
y larga la carcajada
de alegría,
al oír la musiquería
y la broma que le damos
al salvaje que amarramos.


Finalmente:
cuando creemos conveniente,
después que nos divertimos
grandemente, decidimos
que al salvaje
el resuello se le ataje;
y a derechas
lo agarra uno de las mechas,
mientras otro
lo sujeta como a potro
de las patas,
que si se mueve es a gatas.
Entretanto,
nos clama por cuanto santo
tiene el cielo;
pero ahi nomás por consuelo
a su queja:
abajito de la oreja,
con un puñal bien templao
y afilao,
que se llama el quita penas,
le atravesamos las venas
del pescuezo.
¿Y qué se le hace con eso?
larga sangre que es un gusto,
y del susto
entra a revolver los ojos.


¡Ah, hombres flojos!
hemos visto algunos de éstos
que se muerden y hacen gestos,
y visajes
que se pelan los salvajes,
largando tamaña lengua;
y entre nosotros no es mengua
el besarlo,
para medio contentarlo.


¡Qué jarana!
nos reímos de buena gana
y muy mucho,
de ver que hasta les da chucho;
y entonces lo desatamos
y soltamos;
y lo sabemos parar
para verlo refalar
¡en la sangre!
hasta que le da un calambre
Y se cai a patalear,
y a temblar
muy fiero, hasta que se estira
el salvaje; y, lo que espira,
le sacamos
una lonja que apreciamos
el sobarla,
y de manea gastarla.
De ahí se le cortan orejas,
barba, patilla y cejas;
y pelao
lo dejamos arrumbao,
para que engorde algún chancho,
o carancho.


. . . . . . . . . . . . . .


Conque ya ves, Salvajón;
nadita te ha de pasar
después de hacerte gritar:
¡Viva la Federación!